Faltas tres horas y cuarto para mi último exámen.
Debería descansar, pero esta noche mis ojos se han negado a ceder al sueño y han intentado verle en la penunmbra de una habitación que jamás lo vio y quizás nunca lo hará.
Simplemente tengo ganas de un café, unas tostadas y, por qué no decirlo, alguien de quién enamorarme.
Confieso que por mi vida han pasado muchos. Confieso que en ciertas épocas pasan demasiados.
No pretendo herir a nadie, es más, no lo hago.
Tan sólo me dedico a buscar entre todos ellos una chispa, una mirada, una sonrisa, una palabra... una señal que ponga en marcha en mi cabeza a esa querida psicopatía que llaman amor.
Y amar, "amar con todo", como decía el poeta.
Amar y hacerle mi cómplice y mi compañero, y compartir una manta y una peli en una noche lluviosa.
Amarle y saberme amada para sacudirme esos complejos que tanta gente cree estúpidos y yo siento irremediables.
Amar para no estar sola y para no estar con nadie por simple miedo a la soledad.
Amar para estar completa, para crecer, para mejorar, para demostrarme mil cosas.
Conozco esa gran verdad de que el amor no se busca. Asumo que, por tanto, lo más probable es que mi búsqueda sea infrusctuosa.
Ciertamente no importa demasiado. No importa porque no estoy sola, porque aún soy jóven, porque aunque quiera parar de girar puedo seguir haciéndolo y divertirme, y pensar que quiero un café, unas tostadas y un amante.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario