A mi socia, hoy y siempre.
Reimos los chistes y nos desgarran las desgracias. Te hiere mi mala suerte como a mi me destrozan tus momentos bajos.
Y ahora parece que todo empieza a funcionar.
Me enseñas día a día a dejarme querer, a domarme para no destrozar todo lo que toco en uno de mis arranques de inseguridad rabiosa (huye antes de que te hieran), a no dar tanta importancia a cada pequeñez.
Y sigues ahí. Ríes por mis momentos de ternura y me dan ganas de abrazarte hasta que me duelan los brazos, porque tu mirada me dice "ya tocaba, cariño", y no logro entender cómo puedes entenderme mejor que yo.
A pesar de todo cantamos a gritos por la calle y hacemos bromas absurdas. Nos dejamos llevar por nuestras noches locas y vivimos cada momento como si fuera el último, porque si hay que llorar nos romperemos el alma, si hay que reír nos oirán hasta en el extrarradio.
Y me gusta esto. Me gusta esta complicidad loca, los momentos de cariño infinito en los que nos sentimos más madres que amigas. Miraros y sonreír... ¿para qué más?
Llenar el pecho de aire y levantar la cabeza con casi orgullo -porque me quieren, coño, y por algo será- y que el "casi" se esfume cuando hacemos una de las nuestras.
No necesito más revisión anual que la que me da la frase: "Hubo cosas buenas, cosas malas... pero hay algo que nunca cambió: nosotros." Nada me enorgullece y me alegra más que esto.
Otro año más y sumando hasta que no podamos hacerlo con los dedos.
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1 comentario:
Simplemente, te quiero, ya lo sabes. Espero que sigamos muchos años juntas divirtiendonos, llorando, riendo...Mil besos
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