Muy pocos son los "elegidos" que llegan a conocer el infierno de la quinta planta y ninguno de ellos se libra de él jamás. Su campo magnético intermitente anula cualquier sentimiento de alegría o esperanza.
El infierno de los locos, de los condenados, de los oscurecidos.
No creo que lo que me llevó a ser socia VIP del infierno de la quinta planta sea tan excepcional. Se trata de una serie de desgracias en cadena combinadas con un a personalidad volátil, desencantada, huidiza y nerviosa.
Los primeros golpes te hacen odiar el mundo y sus habitantes: la clásica náusea existencial de los adolescentes más hormonados.
A medida que te vas dando cuenta de cómo los imbéciles que te rodean medran, la náusea se agudiza, llegando a su cénit cuando el mundo centra su atención en ti con sus exigencias y comparaciones. Te das cuenta de que nunca serás tan inteligente, tan alta, tan educada, tan sonriente, tan guapa y tan divertida como ellos soñaron. Quizás te gustaría ser así, pero ¿qué culpa tiene nadie de ser como es? ¿qué culpa tienen los pecosos de tener pecas? ¿qué culpa tienen los raros de serlo?
Puede que las fuerzas te den para esforzarte en complacerles, pero siempre se agotan. Tú vuelves a ser sólo eso: tú. Incomprendida, menospreciada por sobrevalorada (vida, métete las ironías por donde te quepan), hastiada... Cabreada. Cabreada con un mundo que nunca te quiso, con un mundo que te sonríe cuando te rebajas... Un mundo de idiotas, lameculos, niñosdepapá e hipócritas redomados.
Así llegas al infierno de la quinta planta: ascendiendo desde la firme creencia de estar por encima de esos idiotas, lo que te hace estar por debajo de todo, condenándote por la innegable realidad de que siempre estarás sola.
No luches contra lo inevitable. Ponte cómodo, sírvete una cerveza, coge un libro y simplemente pasa el rato mientras sigas de reposo en este manicomio, en este infierno de la puñetera quinta planta.
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1 comentario:
Brutal! Ya hablamos de lo de escribir un libro. Ponte a ello porque de verdad, y sabes que no lo diría sin sentirlo, mereces ser leída, escuchada, entendida. Sólo así, quizás, nunca conozcamos el infierno de la quinta planta.
V
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