A cierta edad nos resentimos, nos vamos volviendo más y más blandos por dentro aunque nos disfracemos de tanques acorazados.
En parte crees sabértelas todas aún sin tener ni idea de qué va esto del mundo, pero los golpes de antaño pesan como antes no lo hacían.
Las heridas duelen más, las lágrimas van erosionando nuestra piel y las desilusiones, poco a poco, le quitan algo de brillo a nuestras miradas.
No cicatrizamos como antes. Ya no somos simplemente "nosotros": somos nosotros y nuestras heridas de guerra, condicionantes inexorables de nuestra conducta.
Eso es la sombra del veinte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Eso es la sombra del veinte si señora, y eso acabamos siendo al final, nosotros y nuestros recuerdos, nuestros pesares, nuestras cicatrices.
Estupendo, me ha gustado mucho este.
Mua
Publicar un comentario