Recuerdo la primera vez que te vi, el día que entraste en mi vida.
Había leído en el periódico que tú y tus hermanitos y hermanitas buscabais un hogar, y se me abrió el cielo con aquel anuncio.
Estaba nerviosísima y emocionada por ver cómo sería mi nueva compañera, y ahí estabas tú, pequeña: una minúscula bola de pelo blanco de enormes ojos, cuyo color aún no estaba determinado. Eras tan pequeña...
Te cogí en brazos y sentí que jamás querría soltarte.
Aquella primera noche dormiste en mi habitación, aunque yo a penas pegara ojo. No podía parar de mirarte, tan bonita, tan blanca, tan suave, que parecías otro más de mis peluches.
Recuerdo cómo intentabas caminar, cómo se te resbalaban las patitas y te sentabas frustrada, hasta que te cogía en brazos y te decía que ya aprenderías, que te harías mayor y podrías correr, saltar... Tú me lamías la cara. ¿Me entendiste alguna vez?
Fuiste creciendo, como te dije que ocurriría. Corrías y jugabas, y a veces me hacías enfadar porque no volvías conmigo cuando te llamaba, pero cuando veías que me marchaba, derrotada por tu energía, venías detrás de mi. No me dejabas sola, nunca lo hiciste.
Ojalá hubieras tenido una dueña mejor que yo, pero a pesar de todo seguías alegrándote de verme, acercándote a mi para que te acariciara, lamiéndome las manos.
Y ahora ya no estás, y joder, cómo duele. Sabía que este día llegaría, que casi 15 años son demasiados para un perro, pero en el fondo no escuchaba a la lógica aplastante de la naturaleza misma: mañana saldría al jardín y ahí estarías, al lado de tu hija, tumbada al sol... pero anoche se me hizo tarde, pequeña, demasiado tarde. Ya no volverás a lamerme las manos, ni la cara, ni volveremos a jugar juntas.
Tú, que nunca me abandonaste, lo has hecho ahora de forma definitiva. Estabas tan guapa, tan bonita y adorable como siempre, pero en realidad ya no estabas cuando te dije adiós, cuando acaricié tu precioso pelaje por última vez. Me queman los dedos de ganas de volver a hacerlo, créeme.
Estés donde estés, espero que vuelvas a correr como antaño, que atrapes pájaros y bebas en ríos de agua fresca. Espero que ya no estés siempre cansada.
Espero que sepas que siempre te quise, que te agradezco todos estos años a mi lado, tu cálida compañía, lo bien que me hacías sentir. Agradezco que existieras, aunque ya no estés y me hayas dejado este hueco tremendo.
Siempre te querré, amiga. Hasta siempre, mi cachorrita.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario