martes, 9 de octubre de 2012

Cuando la realidad supera a la ficción

En Hollywood, un conjunto de casualidades fatídicas que desencadenan una cruelmente irónica tragedia, puede acabar en felicidad.
 Desde su trono de reyes del celuloide, los cineastas nos inculcan el valor de la superación y nos meten en la cabeza que el amor está en cada esquina, entre otras muchas falacias.

 ¿Y en la vida real? ¿De verdad hay esperanza? ¿De verdad todo puede superarse? Hoy no me lo creo. No soy pesimista, no soy fatalista, simplemente no me lo creo porque no es verdad. Creo que hay cosas tan irreales, tan horribles, tan espantosas, tan... de película, que te dejan una tremenda marca que nunca se va. Puedes aprender a convivir con ello, supongo... espero.

Desde aquí, todo mi apoyo a todos aquellos cuya realidad superó a la más trágica de las ficciones, a todos aquellos que quizás no vuelvan a creer en los finales felices, en especial a los míos. Ojalá encontréis consuelo de alguna manera.

 Y mil besos al cielo, a ese nuevo ángel de carita sonrosada que ya sabía contar hasta tres en inglés.

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