sábado, 5 de septiembre de 2009

Sobre la inmutabilidad

Siempre me han enseñado que las cosas cambian. La inmutabilidad no es ni para las piedras, con ellas pueden los elementos. La inmutabilidad no existe.

Se supone que todo cambia, todo avanza o retrocede, todo gira o se pone del revés. Se supone, pero a lo mejor es que hoy en día se suponen demasiadas cosas.

Se supone que debo ser rápida, fuerte, agresiva, gigante... Debo ser un coloso para que no me engulla la vida. Luchar por lo que quiero y pisar cabezas si es necesario, ¿no?
Eso no va conmigo. Soy más bien de esas personas que por no pisar permiten que las transformen en un felpudo, pero no un felpudo cualquiera, que de eso nada, que de chulería y palabrería barata voy sobrada desde cría y me encanta ladrar... Yo un felpudo de esos que da gusto ver, de los de "Bienvenido a la república independiente de tu casa" que te hacen soltar una risa estúpida y mecánica que no dice nada.

Pero no me quiero desviar del tema que me corroe: la inmutabilidad. Maldita, puñetera y ruin inmutabilidad. Dejas tranquila a las piedras y decides atacar a un indefenso ser humano con complejo de felpudo ladrador... ¡Muy bonito!
Y es que, señoras y señores, soy el único ser que jamás cambia.
Me siguen pidiendo el carnet en las discotecas a pesar de estar a punto de dejar atrás mis anodinos 23 años. Sigo en el mismo sitio, en mi eterna ciudad-jaula y saliendo por los mismos lugares que frecuentaba a los 16 (porque me da la gana). Sigo teniendo el mismo sentido del humor absurdo que por aquel entonces, la misma forma de amargarme, el mismo modus operandi ante los vacíos... Sigo igual, igual, igual, eternamente igual, aunque entonces quizás era divertido atraer miradas vacías. Supongo que me daba igual ser "la rubia de 3º A", "la chica de las mil fugas" o simplemente "esa". Daba igual porque aspiraba a ser una adolescente más. Ahora no.

Llevo años pretendiendo que dejen de mirarme como si fuera "esa chica", que dejen de tratarme como a "la chica con la que quedé un par de veces", pero no hay forma humana de evitarlo.
Inmutabilidad, divino tesoro, deja que el tiempo siga su ritmo, déjame crecer.
Necesito dejar atrás los días iguales, las noches iguales, porque tengo lágrimas y risas siamesas a las que estoy harta de ver.
No quiero seguir ilusionandome y decepcionándome, sintiéndome vacía y absurda. No quiero seguir siendo la persona que no sabe dónde irá a parar su sentido del humor el día que se rinda y deje de usarlo para defenderse.
Por no querer, no quiero ni seguir escribiendo fragmentos insulsos de una vida insípida.

1 comentario:

Pilar dijo...

Me encanta!! A pesar de lo desesperadamente triste que te noto, este "fragmento de vida insulso" (De insulso no tiene nada) me ha gustado mucho.
Espero ver otro dentro de poco donde la visión sea distinta, otro punto de vista, otro agujero por el que mirar la vida con nuevas ganas, nuevas ilusiones.Ok?? No te rindas, a mi me gusta esa chica a la que describes y a mucha gente le gusta, no tengas prisa, siempre te digo que lo que venga vendrá cuando sea el momento, cuanto más lo quieras más tardará, así es la cosa!!
Un beso enorme